Comparación de la herramienta OmegaT y de Wordfast

Autor: Cristian Capdevila

Durante la última semana hemos tenido la posibilidad de usar una nueva herramienta de traducción asistida que no habíamos utilizado antes en el posgrado. En mi caso, he decidido utilizar Wordfast, ya que había oído hablar de ella y creía interesante probarla para valorar su uso en el futuro.

Lo primero que llama la atención de Wordfast es que no es un programa ejecutable que hay que instalar en el ordenador, sino una plantilla de Word que hay que guardar en un directorio para que al iniciar Word aparezca Wordfast en la barra de complementos. En cambio, Omega T es un programa con interfaz propia para el que hay que crear un proyecto de traducción cada vez que lo utilizamos, y cuyo proceso de instalación es el habitual de otros programas.

Al abrir una traducción con Wordfast se abren varias ventanas: la MT, el glosario y el documento a traducir en sí. Considero que la interfaz de Omega T es más amigable para trabajar, ya que si maximizamos la ventana del programa tenemos a la vista todos estos componentes en una sola ventana en vez de tener varias abiertas como en el caso de Wordfast. Con Omega T, una vez finalizada la traducción debemos crear los archivos finales, mientras que con Wordfast vamos viendo (al estilo de Trados) como estos van quedando cuando vamos traduciendo cada segmento.

Por lo que respecta al control de calidad, en Wordfast esta se realiza automáticamente en cada segmento: revisa las etiquetas y la corrección ortográfica durante el proceso de traducción y no hay que esperar al final como en Omega T para asegurarnos de que no hemos cometido ningún error. Una vez finalizado, en Wordfast podemos seleccionar la opción “Clean Up” para dejar listo el documento final, mientras que en Omega T deberemos seleccionarlo del menú correspondiente para que se guarde en la carpeta “Target” que se ha creado automáticamente al crear el proyecto.

Si en algún momento deseamos hacer uso de la traducción automática, con Omega T podemos seleccionar únicamente Apertium (si es que está disponible, ya que últimamente da algunos problemas), o bien pagar una pequeña cuota para utilizar Google Translate. Con Wordfast podemos utilizar algunos más (como Reverso o PowerTranslator) yendo a la configuración de la memoria de traducción desde la barra de complementos.

Es probable que necesitemos realizar glosarios o utilizar algunos durante la traducción. Con Omega T podemos crearlos nosotros mismos con la aplicación Writer de OpenOffice.org o bien importarlos de Wikipedia o de TermCat en formato utf8, de modo que la herramienta los lee automáticamente y cuando se encuentra una coincidencia, aparece en la ventana correspondiente del programa. Con Wordfast, cuando se encuentra una correspondencia esta se marca en el segmento a traducir. También podemos crear uno con un documento Word o Excel que contenga filas y columnas, y la importación es rápida y sencilla para que Wordfast lo pueda leer. Además, Wordfast permite la conexión en línea con diccionarios en Internet, lo que también puede ser útil.

Otra función interesante a analizar en ambas herramientas es el recuento de palabras: con Wordfast se suelen contar hasta un 15% más de palabras que con el recuento simple de Word. Con Omega T podemos ir a “Herramienta” y luego a “Estadística” para ver un recuento total de palabras y de segmentos del proyecto. De este modo podemos fácilmente aplicar una tarifa que podemos ofrecer a nuestro cliente antes de empezar a traducir.

En lo que respecta a las reglas de segmentación, ambas herramientas ofrecen la posibilidad de cambiar las reglar y de añadir unas nuevas para adaptarlas a las necesidades de nuestros proyectos. La diferencia es que en Omega T podemos añadir nuevas reglas según el idioma, y en Wordfast estas reglas son generales, por lo que se deberían cambiar en cada proyecto.

Por último, pero no por ello menos importante, tenemos que Omega T produce memorias de traducción en formato TMX, mientras que Wordfast se crean en formato TXT. Lo bueno del formato TXT es que su visualización y su edición es muy sencilla, ya que sólo es necesario disponer de un editor como el “bloc de notas” para visualizar y editar el contenido de la MT. La MT también se puede ir editando desde la ventana de Word que aparece mientras se traduce el archivo. En cambio, en Omega T necesitamos un programa como Virtaal para poder modificar estas memorias cuando ya no traduzcamos con Omega T.

Podemos acabar este análisis con algunas ventajas e inconvenientes de estos programas:

Ventajas respecto a Omega T

–        Es bastante conocida en el mundo de la traducción, por lo que si la tenemos en nuestro equipo seguramente haya más clientes interesados en trabajar con nosotros.

–        Crea y puede trabajar con memorias de traducción en varios formatos (TMX, TMW), y permite modificarlas en su formato TXT después de cerrar el documento o durante la traducción.

–        No necesita tener instalado Java como sí que sucede con Omega T, y tampoco es necesario tener OpenOffice.org.

–        Permite traducir en red (hasta 20 usuarios) mediante una LAN o red de área local.

Inconvenientes respecto a Omega T

–        La licencia no es gratuita y cuesta más de 300 €, aunque hay descuentos si se compra sólo uno de los paquetes del programa o si el traductor vive en un país en vías de desarrollo.

–        No es de código abierto.